El «Campus América», que concluyó hace pocos días en Canarias, ha puesto sobre la mesa una realidad que preocupa y ocupa a miles de familias venezolanas: la migración de «ida y vuelta» y el futuro de los 84.000 compatriotas que ya residen en las islas. Este debate no es menor; toca directamente el bolsillo, las decisiones familiares y el sentimiento de pertenencia de quienes un día tuvieron que dejar Venezuela y ahora se replantean su camino.
La cifra de 84.000 venezolanos en las Islas Canarias no es un dato frío. Representa una de las comunidades más numerosas y consolidadas de la diáspora en España, con lazos históricos y culturales profundos que se remontan a varias décadas. Que un foro internacional de esta envergadura dedique parte de su agenda a esta situación es una señal clara de que la migración venezolana, lejos de ser un fenómeno transitorio, se consolida y presenta nuevos retos y oportunidades, tanto para los migrantes como para las sociedades de acogida.
La «ida y vuelta»: una realidad que va más allá de un concepto
El concepto de «ida y vuelta», aunque no es nuevo en la historia migratoria entre Canarias y Venezuela, adquiere una resonancia particular en este momento. Para muchos venezolanos que llegaron a España, la idea de un eventual regreso a su país de origen sigue latente, ya sea por nostalgia, por la esperanza de una mejoría o por la necesidad de cuidar a los familiares que quedaron atrás. Sin embargo, para otros, la consolidación en España, con trabajos, colegios para los hijos y una estabilidad conquistada a pulso, hace que la «vuelta» sea una opción cada vez más lejana, o al menos, postergada indefinidamente.
La discusión en el «Campus América» no solo se centró en la teoría, sino que puso énfasis en las vivencias. Para una familia venezolana en las islas, esto significa evaluar si el envío de remesas es una solución a largo plazo, si es momento de pensar en la reunificación familiar trayendo a los suyos, o si la inversión de sus ahorros debe centrarse en un negocio aquí o en una propiedad allá. Son preguntas que tienen un peso económico y emocional considerable.
¿Qué implicaciones tiene para el venezolano de a pie?
La resonancia de este debate en un evento como el «Campus América» debería ser un llamado de atención para la comunidad venezolana, tanto en Canarias como en el resto de España y la diáspora global. No es solo una discusión académica, sino una fotografía de la realidad que obliga a pensar en las estrategias personales y familiares a seguir.
- Para quienes envían remesas: La persistencia de la migración de «ida y vuelta» sugiere que el puente económico con Venezuela seguirá siendo vital. Las condiciones económicas de los migrantes en Canarias influirán directamente en la cantidad y frecuencia de esos envíos, sosteniendo a muchas familias en Venezuela.
- Para quienes contemplan el regreso: Este tipo de foros puede ser un termómetro de las expectativas y las realidades. Escuchar los argumentos y los datos presentados ayuda a sopesar si el retorno es viable en el corto o mediano plazo, o si es mejor seguir invirtiendo en el arraigo en España. La clave es la información y el contexto.
- Para quienes buscan consolidar su vida en España: La discusión valida la importancia de la integración, la búsqueda de empleo estable y la inversión en la educación de los hijos. La diáspora venezolana en Canarias es un ejemplo de cómo una comunidad puede florecer y contribuir, pero también de los desafíos que enfrenta para ser plenamente reconocida y apoyada.
- Para la reunificación familiar: El debate también resalta la necesidad de políticas migratorias que faciliten la reagrupación familiar. Si la «ida y vuelta» se vuelve inviable para muchos, traer a los seres queridos se convierte en una prioridad, y esto tiene un impacto directo en trámites de extranjería y acceso a servicios.
Más allá de Canarias: un reflejo global
Aunque el foco del «Campus América» estuvo en la relación Canarias-Venezuela, las reflexiones son extensibles a toda la diáspora venezolana. La decisión entre «volver» y «quedarse» es universal para quienes han emigrado. La estabilidad de un empleo, el acceso a la salud, la educación de los hijos y la seguridad personal son factores que pesan mucho más que la nostalgia en la balanza final. La discusión en Canarias subraya que estas decisiones son complejas y rara vez definitivas, y que están moldeadas por realidades socioeconómicas tanto en Venezuela como en los países de acogida.
En VEN Noticias hemos seguido de cerca estas tendencias, y lo que se desprende de debates como el del «Campus América» es que la comunidad venezolana en España y en el mundo debe seguir informada. La toma de decisiones sobre el futuro personal, familiar y económico no puede basarse en rumores o deseos, sino en un análisis consciente de la realidad actual y de las perspectivas a futuro. Lo que se conversó en Canarias es un recordatorio de que la diáspora venezolana está en constante evolución, y que cada familia debe sopesar con pragmatismo sus próximos pasos, con la mirada puesta en lo que realmente les beneficia.

